De los varios atributos que debe tener un buen referee de rugby, la conducción es decididamente la más importante e ineludible de todos ellos.
Si el conocimiento reglamentario, el estado físico y la ubicación son factores de trascendencia, cualquier falencia en los mismos pasa inadvertida muchas veces ante una perfecta conducción; no queremos decir con esto que un referee pueda estar desactualizado reglamentariamente; en malas condiciones físicas o lejos del juego, pero si aclarar la importancia del elemento "conducción" dentro de su quehacer.
Si quisiéramos precisar el concepto de lo que es la "conducción" de un partido de rugby diríamos que es aquella aptitud del árbitro para posibilitar sin estridencias ni aparatosidades que el partido a su cargo se juegue dentro de las normas vigentes: es imponer su autoridad sin falso autoritarismo y sin convertirse en figura preponderante del espectáculo; es la aptitud de mantener dentro de sus causes un partido que amenaza excederlo; es la capacidad de arbitrar un encuentro logrando que los jugadores no se olviden que el rugby es fundamentalmente un deporte, que se juega con el adversario y no "contra" el adversario, que es recio poro no desleal, que es fuerte al par que franco y reconoce como uno de sus principios básicos que la autoridad que el reglamento acuerda al referee no es tema opinable para quienes tienen el privilegio de jugar.
Va de suyo que la conducción de un partido de rugby trasunta generalmente la propia personalidad del árbitro, pero es menos cierto que hay una serie de actos que debe evitar o producir que contribuyan a una buena conducción o la arruinan.
Y nos parece oportuno referirnos a tales actitudes positivas unas, negativas otras.
Actitudes positivas: incluimos entre éstas las que el árbitro debe producir, a saber:
1) Aunque parezca obvio o superfluo debemos comenzar por la presentación del referee. Este no debe olvidar que va a dirigir rugby, por lo cual su atuendo es necesario que esté acorde con aquel deporte; demás está decir que la limpieza y la pulcritud de su atuendo complementan aquella correcta presentación; y no se piense que la presentación del referee es cosa baladí; no olvidemos que su imagen comienza por su propia presencia física y por la corrección de su vestimenta; si ésta no es normal, ya ingresa a la cancha con puntos en contra.
2) Es imprescindible estar "en juego", estar "sobre" la jugada; no se puede conducir normalmente un partido normalmente de "lejos", pues ello al margen de provocar que no se visualicen muchas infracciones hace que todo fallo pueda dejar amplio margen de duda.
3) La forma de hacer sonar el silbato debe dar la pauta de la gravedad o importancia de lo que se cobra, no puede ser igual el silbato que marca un scrum, que aquel que concede un "mark" u otorga un penal; de lo contrario de inicio se da la sensación que todo es grave o es leve, lo cual no condice con una buena conducción.
4) La experiencia indica que una excelente medida de ordenamiento de un partido es que el arbitro diga concretamente lo que cobra; pase forward (scrum); off side suyo Sr. (penal); pelota torcida (free kick), etc. Va de suyo que ello no implica abrir o permitir el diálogo, ni tampoco extenderse a manera de conferencia reglamentaria: debe ser hecho de tal forma que el jugador de inicio se de cuenta que el árbitro no se está excusando, ni preguntando, sino sólo diciendo con firmeza lo que cobró. La utilidad del sistema deriva del hecho que muchas veces el jugador no sabe por qué sonó el silbato, otras el decir lo que se cobra ayuda a evitar reiteración de infracciones y en todo caso es cabal demostración que el árbitro sabe lo que está haciendo, lo cual a su vez influye para que eventualmente el jugador no incurra en excesos.
5) El trato hacia jugadores y linesman debe ser objetivo y respetuoso para que tenga vigencia aquello de respeta y serás respetado, recordemos que la auténtica autoridad es la que se gana sin imponerla a quien debe acatarla y para ello quien deba obedecer debe comenzar siendo respetado.
6) Quien no tiene dominio de sí mismo no puede tener buena conducción, debemos ser objetivos, mesurados y tener dominio de nosotros mismos; si en un partido el referee se subjetiviza, si pierde el control de sí mismo, las consecuencias pueden ser insospechadas.
7) Los linesmen son nuestros colaboradores y como tales están bajo nuestra evaluación y control de eficiencia y corrección, no debemos olvidarlo y en tal orden de cosas tengamos presente que podemos cambiarlos o incluso expulsarlos; cambiarlos si no son aptos; expulsarlos si incurren en inconductas.
8) Es conveniente ordenar y prolijar de inicio las formaciones fijas y móviles; cuando no se hace así ellas son el origen de fricciones que puedan terminar complicando el partido.
9) Ser medido pero al mismo tiempo inflexible cuando hay que tomar medidas graves por inconductas o indisciplinas y no olvidar que existen varios recursos según la gravedad de los hechos: llamado de atención, amonestación y expulsión.
Actitudes negativas: varias son las actitudes en las cuales jamás un árbitro debe incurrir para no perder la conducción de un partido; las más importantes de dichas "abstenciones" son:
1) No se debe hablar con los jugadores y menos aún con el público; todo tipo de diálogo que el árbitro desarrolle es contraproducente, relaja el orden y la disciplina.
2) No se debe permitir público dentro de la cancha: hacer cumplir la prohibición simplifica las cosas.
3) No se debe permitir que el linesman fume; converse con los jugadores o con el público.
4) No debe ser espectacular o aparatoso, no se debe actuar en función de primera figura.
5) Cometido un error y advertido el mismo no tratar de remediarlo con un fallo complaciente; cometido el error no perder la objetividad y no dejarse influenciar.
ARUAR
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