| APUNTES
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LA PELOTA DE RUGBY |
Muchos
se preguntarán por esa curiosa forma ovoide
de la pelota de rugby. Y es aquí donde puede
vincularse naturaleza y cultura gracias a un zapatero
remendón llamado William Gilbert que fue uno
de los primeros en fabricar pelotas con cierta habilidad,
las que fueron muy apreciadas por los aficionados.
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UNA
CUESTION DE PELOTAS
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Temas
Relacionados
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| 4
Naturaleza
y deporte |
| 4
El Museo Gilbert |
| 4
Pelotas y
botines criollos |
En
todas las culturas, en todos los continentes y en todos los
tiempos, la pelota estuvo relacionada con las expresiones
lúdicas. Juegos con bolas en Grecia y Roma: epyskiros,
feninde y haspartum. Pelotas hechas con goma de algunos árboles:
el tlatchli de los aztecas. Balones hechos con hojas de palmera
entrelazadas: la koura de los árabes. La pelota trimilenaria
de Japón que dio origen al kemari.
La soule (vejiga
de cerdo) utilizada por los normandos dio nacimiento al hurling
to Gales, al hurling over country y al camp ball. Los galeses,
jugaban al knappan tan bien detallado por Owen en 1603. Lo
cierto es que en la antigüedad existieron juegos de pelota
que pudieran considerarse como los ancestros del rugby.
A mediados del
siglo XIX la pelota de rugby no era más que una vejiga
de cerdo recubierta de cuero. Como la vejiga no era bien redonda,
el balón tenía forma de huevo. Su cierre se
hizo hermético para contener el aire en el interior.
Esta precaria pelota era inflada a pulmón, se utilizaba
tanto para el rugby como para el fútbol. El sistema
de fabricación no era nuevo: debía existir desde
casi doscientos años antes, puesto que Shakespeare
hablaba ya de una pelota "cased in leather".
Luego del descubrimiento
del caucho natural, en 1860, hubo que esperar una década
hasta que se inventó la cámara de caucho que
sustituyó a la vejiga de chancho. Fue entonces cuando
Richard Lindon, un artesano de Rugby (Inglaterra) experimentó
con una pelota de cuero dividida en gajos. Cosida a mano.
Que encerraba en su interior esa cámara de caucho cuyo
envoltorio se ligaba con tiento. Continua
>>>
Escribe
Rubén Ayala
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del CEHR
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