Rubén Ayala
HISTORIA
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PELOTAS Y BOTINES CRIOLLOS

"Desde los más remotos tiempos, los hombres juegan con formas esféricas juegos brutales, primitivos, como si quisieran familiarizarse con ese objeto casi sagrado en esas misteriosas síntesis entre la guerra y la fiesta". Enrique Pichon-Rivière

¿El primer fabricante criollo?

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La noción actual de deporte se presenta como una invención novedosa producto de la modernidad. Considerado como un derivado de la Revolución Industrial, el deporte, tal como hoy lo concebimos, tiene su génesis en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. De allí también provienen los útiles para poder practicarlos.

La creciente colectividad británica en Argentina, introdujo el gusto por los deportes y por la fundación de clubes tan en boga en el Sur de Inglaterra, culturalmente vinculado al ámbito universitario y amateur. Por lo menos desde 1867 se jugaba football association en Buenos Aires en el primitivo Buenos Ayres Football Club, esa cosa de "ingleses locos" que despertó considerable entusiasmo entre los jóvenes de la época.

Los instrumentos para la práctica de los sports eran totalmente desconocidos en estas tierras. Los primeros fueron directamente importados por sus dueños o bien eran traídos por los viajeros que iban y venían de las islas británicas.

Como inicialmente en Buenos Aires se practicó una mezcla de football y rugby, con seguridad no se haría una estricta diferenciación al momento de utilizar la pelota para la práctica de estos juegos. En este aspecto resulta interesante la información proporcionada por Ricardo Hogg y que podemos encontrarla en el libro Alumni, cuna de campeones y escuela de hidalguía, de Ernesto Escobar Bavio, todo un clásico en la historia del deporte argentino. Aquí la sintetizamos:

Ricardo Hogg oyó de su padre (don Thomas Hogg) que un vasco de apellido Larralde poseía una cancha de pelota paleta y de rackets. A la cancha del vasco concurrían muchos residentes británicos, entre ellos don Thomas y varios socios del Buenos Aires Football Club que le alquilaban el predio para su uso exclusivo.

Larralde tenía un empleado criollo muy hábil para fabricar bozales, lazos y riendas en cuero crudo, así que un buen día los gringos le pidieron que hiciese una pelota de football. La primera salió algo defectuosa pero nadie se atrevió a objetar el trabajo así que el artesano continuó fabricando pelotas en cuero crudo para el BAFC. Las pelotas resultaron de muy mala calidad pero, para no ofender al improvisado productor, le pidieron que se alejara de esa tarea destinándolo al cuidado de la cancha del BAFC. Finalmente, el viejo club "inglés" tuvo que sufragar el gasto de aquellas pelotas que quizá, nunca se utilizaron.

El autor del libro se pregunta si éste artesano no habrá sido el primer fabricante argentino de pelotas "criollas" de football. Es todo un misterio.

La tienda Gath & Chaves

A medida que los sports lograban más adeptos fueron las grandes tiendas las que se encargaron de la comercialización de estos útiles y, más tarde, el ingenio criollo renovó el intentó de competir con lo importado a los efectos de ganar nuevos mercados.

La tienda Gath & Chaves (popularmente conocida como ("Gatichaves") fue fundada el 8 de julio de 1883 por dos jóvenes socios, Alfredo Gath y Lorenzo Chavez, inicialmente estaba en San Martín, entre De la Piedad y Cangallo. Entre todos sus artículos también exhibía en sus vidrieras utensilios de tenis y cricket. Hacia fines del siglo XIX ya importaba la indumentaria de rugby: botines de la marca Cert, The Wonder y The Club, camisetas y pelotas.

Prueba de ello es que en mayo de 1899, The Standard, el periódico de la colectividad británica, le informaba a los aficionados del Flores Athletic y del Belgrano Athletic que podrían adquirir su "jersey", pantalón y medias en "Gath & Chaves".

La tienda Mc Hardy & Brown en Buenos Aires

Otra de las tiendas que importaba artículos deportivos fue la de George Mc Hardy -luego entró como socio Jorge Brown y se la conoció como Mc Hardy & Brown-.

La historia de esta firma es muy singular ya que George Mc Hardy llegó a nuestro país en el año 1886, contratado por Pereira Iraola para administrar una de sus estancias, tarea en la que Mc Hardy tenía suficiente experiencia. Luego de varios años en Argentina, George regresó a su Escocia natal. Allí se casó y, más tarde, retornó a la Argentina contratado por el Buenos Aires Lawn Tennis. En el viaje de regreso Mc Hardy trajo de Inglaterra artículos deportivos los que vendió a los socios del Buenos Aires.

Su éxito en la venta fue total y en 1899, a instancias de O’Connor y Tudor, socios de dicha entidad, abrió un negocio de artículos deportivos en la calle De La Piedad 559.

En 1901 la indumentaria de los jugadores ya podía adquirirse su tienda. Por ejemplo, vendía los botines Cert desde $ 7,50 á $ 12,50 el par y los pantalones desde $ 1,80 á $ 4,00.

Otros proveedores

A principios del siglo XX, los jugadores de Atlético del Rosario podían adquirir esos mismos productos en la casa Day & Co. y las remeras de Lomas Athletic, de color rojo y blanco, se conseguían en L. Adhemar, de Suipacha y Cangallo.

Ernesto Matozzi, ex futbolista de Estudiantil Porteño, fundó la casa Barbera y Matozzi entregándose a la tarea de fabricar zapatos para football y rugby. Copió el modelo inglés Hotspur y prefirió el cuero de bamato para aligerar el peso aunque cada botín alcanzaba el peso de un kilogramo. En agosto de 1926 ante una concurrencia calculada en 4.500 personas, jugaron en la cancha del CASI el clásico Argentinos (13) vs. Extranjeros (6). Los Argentinos jugaron el encuentro con una camiseta similar a la de Gimnasia y Esgrima y en un aviso de la casa Barbera, Matozzi & Cía. (aparecido en el diario La Prensa) se anunciaban que la pelota con la que habían jugado aquel partido era de marca Players.

En 1934, la Casa Netto, de Netto y Basset, ofrecía en venta la indumentaria para los aficionados al rugby. Tenía dos sucursales, una en Esmeralda 268 y la otra en Pampa 2435. He aquí sus precios: botines m$n 16,70; pelota "Pampa" m$n 10,50; pelota "Ese-Ene" m$n 14,50; camiseta m$n 5,50 y pantalón corto m$n 3,50.

En la década del '50 Suansport (SAS SRL) fabricaba las pelotas La Criolla "cazadora... voladora... preferida por buena y por criolla". Además de los botines Profesional en dos versiones: una de cuero de vaca graneada, con siete tapones y medio forro y otra con tapones intercambiables Norpen, a rosca.

A mediados de la década del '60 la empresa Rizzo-Suar Deportes fabricaba los botines Línea 65, forrados, acolchados con costuras embutidas.

Grillo & Portas (de Constitución), Superball SRL, Suansport, Sporlandia, Testai o Pintier y muchas otras marcas nacionales invadieron el mercado. Durante la década del '60, las marcas de mayor predicamento mundial como Adidas o Mitre y otras lanzaron al mercado pelotas distintos materiales y estructuras.

Un invento cordobés

Pelota Superval Extra
La novedosa Superval Extra

En 1931 en la cordobesa ciudad de Belle Ville, Luis Polo, Antonio Tosolini y Juan Valbonesi idearon una pelota de fútbol sin tiento: el secreto consistía en una cámara dotada de una válvula que impedía el escape de aire una vez inflada mediante un pico especial. El 9 de septiembre de 1936 se utilizó por primera vez en un partido de la AFA. Se llamó Superval.

Desafiando a la creación de Gilbert y contra la corriente conservadora británica, en 1956 Superball SRL presentó la pelota de rugby Superval Extra de 8 gajos (contra los 4 habituales que fija el reglamento) y sin tiento, similar a la que se puede ve en la fotografía.

Sobre el final de la década del '50, la empresa Superball SRL patentó "una nueva solución para un viejo problema", el "cierre a pasador", un sistema con el que intenta suplantar al "anticuado tiento", que inicialmente se aplicó a las pelotas de fútbol.

No olvide, la pelota sin tiento es un invento argentino de Superball SRL (año 1931), rezaba una publicidad de la época.

Escribe Rubén Ayala

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