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EL CAPITAN DEL EQUIPO

Tradicionalmente el capitán de un equipo de rugby desempeñó un rol tal que con su liderazgo, motivación y ascendencia era capaz de mantener la conducción del grupo. Su labor reviste tal importancia y requiere tantas cualidades que resulta indispensable la formación de capitanes desde las divisiones menores para que puedan asumir con toda vocación y toda responsabilidad la premisa de ser los verdaderos conductores dentro de una cancha.

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En todo grupo humano, tiene que haber alguien que establezca las metas comunes, indique el camino y los métodos que deben seguirse. Que marque los roles correspondientes a cada uno de los integrantes del grupo, que active emocionalmente a sus compañeros para poder cumplir con las metas prefijadas y elimine los posibles problemas que puedan impedir tal cumplimiento. La figura que necesariamente debe llevar a cabo todas estas funciones, es el capitán.

Willie John Mc Bride -Irlanda y Lions '70-

El capitán del equipo de rugby juega un doble papel frente al grupo, además de cumplir con sus derechos y deberes como capitán, también los debe cumplir como jugador (ver Código de Ética del jugador). Se espera que el capitán sea un líder, un jugador exitoso e inteligente, un estratega completo del juego y un comunicador experto y sensible.

Cumpliendo esta importante función recordamos grandes nombres del pasado como Gareth Edwards (Gales) que fue el capitán más joven de su país (20 años y siete meses), Willie John McBride (Irlanda y Lions), Héctor Silva (Los Pumas), Graham Mourie (All Black), Nick Farr-Jones (Australia) o Sean Fitzpatrick (All Black). Ellos imponían su avasallante personalidad como líderes, conduciendo magistralmente a sus equipos con un entendimiento notable del juego y de todas las variantes necesarias para dar vuelta un resultado cuando la coyuntura lo requería.

En otros tiempos, muchos capitanes, se paraban frente a sus compañeros, y proferían varios insultos, algunas amenazas o un par de gritos y el grupo operaba (más por temor que por respeto o admiración). En nuestro tiempo, un capitán debería fundamentar su accionar ya que, seguramente, habrá en el grupo más de un integrante que le plantee su disconformidad, (si es que utiliza alguno de esos viejos métodos), que además de ser éticamente adecuado, es mucho más positivo que un deportista sienta respeto y/o admiración por su capitán, que miedo, ya que el miedo genera parálisis o fuga.

En el capitán descansa la responsabilidad del análisis y la motivación del equipo. Debe asegurarse que cada jugador aproveche al máximo sus virtudes y realice su función específica en cada partido. También es muy importante que pueda mantener al equipo muy unido para poder desempeñarse de la mejor manera posible dentro y fuera del campo de juego.

Teniendo en cuenta que el rol del capitán esté bien definido con las reglas, las obligaciones y los deberes correspondientes, se supone que él debería influenciar positivamente sobre el desarrollo de los rasgos y cualidades de la personalidad y la conducta de sus compañeros. Como factor de unión entre los jugadores del equipo, tiene que estar alerta sobre el estado individual de sus compañeros detectando cualquier posible anomalía. Si un capitán quiere lograr el máximo potencial de su grupo, fundamentalmente, debe amarlo y amar lo que hace, de nada sirve un líder afectivamente pasivo.

La fuerza de la capitanía reside en el respeto mutuo y completo, en el apoyo recíproco entre el capitán, el entrenador y los jugadores claves que tenga el equipo. El capitán debe ser capaz de desarrollar estrategias para su equipo, pensándolas y practicándolas para beneficio de todos.

Las tareas administrativas del capitán están relacionadas con su misión de ser interlocutor ante el referee dentro y fuera de la cancha; antes, durante y después del partido. Entre sus funciones se le asigna la tarea de representar al equipo y la de tomar parte decisiva como intermediario entre sus compañeros y el o los entrenadores.

Sin embargo, también debe desempeñar tareas que van encaminadas a elevar la efectividad del equipo y acrecentar el rendimiento deportivo. Por ello se espera de él que sea un gran conocedor del juego en su conjunto para guiar al equipo con la elección de la estrategia más conveniente.

El capitán debe predicar con el ejemplo y ser siempre el primero en el entrenamiento, en la cancha tackleando, llevando al equipo adelante, de manera tal que a través de su actuación contagie a sus compañeros. Debe tener suficiente firmeza y convicción para afrontar las contrariedades que se presenten levantando el estado de ánimo de su grupo ya no tanto con palabras sino con su actitud hacia el juego traducida en tremendos tackles, iniciativa personal y garra. Es decir, hablando poco y haciendo mucho.

Entre los complementos básicos de la personalidad de un capitán podríamos citar: la paciencia como virtud esencial, más perseverancia, amabilidad y desinterés. Debe tener confianza en sí mismo e inspirar confianza en sus compañeros.

El rugby es disciplina y agresividad, pero nunca violenta. El rugby no es un juego para temerosos, sino para valientes y respetuosos, porque hay que estar muy bien preparados para controlar la agresividad. En este deporte hay una gran cuota de lealtad y lo primero que se debe aprender y transmitir es a respetar al rival. En las circunstancias más difíciles se espera que el capitán tenga la actuación más sobresaliente, que logre controlar sus emociones y también las del resto de sus compañeros. Sobre todo la de aquellos jugadores que presentan inestabilidad emocional y que pueden cometer errores de esta naturaleza. El capitán debe ser muy cuidadoso en estas situaciones para evitar no realizar él u otro de los jugadores de su equipo un ataque no justificado contra los adversarios o con su comportamiento estimular a algún deportista a realizarlo.

En el rugby moderno, el juego se focaliza entre la pareja de medios y la tercera línea, aquí yace el corazón y los pulmones del equipo. En este quinteto es necesario encontrar al capitán quien no debe estar lejos de los lugares de decisión.

CUALIDADES REQUERIDAS

1. Confianza en sí mismo y en el estilo de juego de su equipo.

2. Perfecta noción del juego en todos sus puntos básicos.

3. Un alto conocimiento de las potencialidades del equipo.

4. Tener buena relación con los jugadores más experimentados del plantel, que son los que establecen la verdadera identidad del equipo.

5. Conocer perfectamente las reglas de juego.

ESTRATEGIAS PARA MANTENER LA ARMONÍA DEL EQUIPO

1. Conocer a tus compañeros. Cuanto más conozcas a una persona más fácil será aceptar sus diferencias. Es conveniente tomarse un tiempo necesario para hablar y escuchar a cada uno de ellos.

2. Las palabras de aliento constituyen la retroalimentación positiva tan necesaria en los momentos difíciles. El hábito de decir cosas constructivas tendientes a alentar a los compañeros debe prevalecer a decirles cosas que los depriman. Frases sencillas como "No aflojes" u otras de este tipo suman a este objetivo.

3. Tenés que dar el cien por ciento de esfuerzo en tu entrenamiento y trabajar intensamente tus debilidades.

4. Vigila cuidadosamente tus pensamientos y tus dichos. Generá una epidemia de entusiasmo y excitación en tu equipo transmitiendo optimismo y "buenas ondas".

5. Resolvé los conflictos con tus compañeros o entrenadores tan pronto como sea posible.

6. No seas individualista o empeñado en lucirte. En el rugby el individualismo es un "pecado".

7. Sé totalmente responsable de vos mismo y de las cosas que tengas a cargo.

8. Sé tu mejor incentivo. No depende de los otros que te empujen para mantener el ritmo. Las personas que se autoestimulan son de extremo valor para el equipo. Sé un modelo de energía positiva.

9. Comunicate en forma clara, honesta y abierta con tu entrenador.

10. ¡NO OLVIDES DIVERTIRTE!

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ARGENTINA días de rugby. Fundada el 1º de enero de 2000. Revista digital editada por el Centro de Estudios en Historia del Rugby, Buenos Aires (República Argentina). Registro Nacional de la Propiedad Intelectual (en trámite).

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